Industria aérea en los tiempos de la pandemia: retos e incertidumbres

Recientemente se ha llegado a un acuerdo en la UE en cuanto a los criterios de consideración y zonificación de los países y regiones europeos en cuanto al nivel de las incidencias del COVID-19, estableciendo un sistema-semáforo que permite clasificar a los países por colores dependiendo de la situación epidemiológica de un país dado y deja unificar las restricciones de viaje. Sin embargo, el sistema no establece requisitos comunes para los viajeros procedentes de las zonas de color naranja o rojo – que significa poseer una mayor incidencia de contagios.

Esto se traduce en que varios países europeos siguen estableciendo sus propios requisitos para la entrada en sus países, ya sea el requerimiento de las pruebas PCR con resultado negativo, realizadas en el país de origen o de destino, o bien las cuarentenas, que en los casos de los diferentes países pueden varias entre unos días y dos semanas.

A primeros de octubre se redactó una propuesta conjuntamente entre IATA, A4E y ACI Europe y otras asociaciones de la industria, dirigida a la Comisión Europea insistiendo en la toma de las medidas más adecuadas para reanimar al sector de transporte aéreo europeo. En concreto, la medida para la prevención de los contagios por el COVID-19 impuesta por los gobiernos que más preocupa a la industria son las cuarentenas.

Según la petición redactada por las asociaciones mencionadas, esta falta de requisitos comunes y la grande presencia de la figura de las cuarentenas y aislamientos impide que el viajero se anime a realizar un viaje, debido a la incertidumbre existente y las normas cambiantes con frecuencia.

A partir de un estudio llevado a cabo por IATA en julio de este año proviene, que el porcentaje de los viajeros que muestra preocupación por tener que someterse a una cuarentena es igual al de los que muestran preocupación por contagiarse durante el viaje (más del 80 % de los viajeros encuestados), datos que muestran el peso que tiene la restricción de cara a la compra y organización de un viaje.

Del otro estudio realizado por la misma asociación en el mes de octubre, resulta que la probabilidad de contagio dentro de un avión es muy baja, más concretamente, de tan solo 1 entre 27 millones, lo que indica que este medio de transporte muestra una alta seguridad frente el riesgo de contagio, aun tratándose de un espacio cerrado. Según el estudio, esto se debe a la obligatoriedad de llevar las mascarillas, aunque no se regula por norma alguna el tipo concreto de mascarilla que se tiene que llevar, así como al sistema de ventilación de los aviones.

En lo que insisten las asociaciones es en la implementación de los test que se hagan en el propio aeropuerto de origen, de modo que el viajero que entre en el aeropuerto y siga todas las etapas del desplazamiento sea el viajero que no está contagiado, de este modo, los resultados serían más eficientes que las cuarentenas a las que, en algunos casos, se deberían someter todos los pasajeros en el país de destino, al haber pasado ya previamente por al menos dos aeropuertos y por lo menos un avión.

Estas pruebas, según los criterios, deberían ser fiables y con un resultado disponible durante un máximo de una hora, soportadas por el sistema de reconocimiento mutuo de los países integrantes del espacio europeo, así como financiadas por las autoridades públicas, o bien, delegadas a costo de los pasajeros, pero a un precio asequible. Al implantar un sistema de test en el origen también se podría cuestionar la necesidad de la toma de temperaturas en los aeropuertos, siendo esta al día de hoy, un indicador que no refleja obligatoriamente el contagio por el COVID-19.

Al día de hoy las instrucciones con las que se cuenta de cara a la gestión aeroportuaria son las guías técnicas propias de actuación y recomendaciones emitidas por las asociaciones enumeradas. Las instrucciones emitidas por los organismos de este tipo reúnen principalmente las medidas generales para el mantenimiento de la seguridad sanitaria, como son las cuestiones de limpieza e higiene personal; la distancia de seguridad que se debe mantener en los espacios del aeropuerto, así como algunas recomendaciones de cómo distribuir a los pasajeros respetando la distancia interpersonal una vez producido el embarque al avión, la recomendación de ampliar los tiempos de embarque, etc.

Asimismo, se dispone de las recomendaciones generales sobre la prestación de los servicios habituales por parte de la aerolínea operadora una vez a bordo del avión, así como los consejos sobre los usos de las instalaciones del avión, prestación del servicio de comida y bebida y cómo tiene que proceder el personal a bordo en el caso de detectarse un sospecho de contagio por parte de los pasajeros o tripulantes.

Lo que más incertidumbre genera en el momento es el proceso del desembarque, para el cual se precisarían unas instrucciones específicas, al ser una etapa de viaje la cual normalmente resulta ser más caótica. Además, dichas instrucciones variarían dependiendo del tipo de la aeronave que ha realizado el desplazamiento, sus características internas, así como el tipo de desembarque a aplicarse (túnel, bus, caminata) hasta alcanzar el edificio del aeropuerto de destino.

Toda la industria sigue con la mirada puesta en la adopción de las medidas sugeridas, así como los propios pasajeros que quieren volver a disfrutar de la libertad de movimiento, aunque sea cubiertos con las mascarillas.

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